Mencia & Yarza (Penya la Verema)

Pues está claro que no ando sobrado ni de tiempo ni de ganas de escribir. El vino sigue siendo una parte muy importante de mi día a día, pero entre catas, clases en el grado de de Ciencias Gastronomiacas y algún que otro evento, no parece que mi vida de más de sí y más dado que mi dedicación “principal” sigue estando ligada a la economía pública junto con la mayoría de mis clases, en la facultad de Economía de la Universidad de Valencia.

No obstante, el verano trae algunos momentos de recogimiento y en uno de estos me he animado a reflejar esta cata de la Penya La Verema, que aunque “viejita” sigue dando algo de guerra. Concretamente me refiero a la cata 289 que tuvo lugar en Mayo de este mismo año  y cuyo relato abordo a continuación.

Cata 289 de la Penya La Verema, 19 de Mayo de 2019

Aunque parecía que se había consumado la deriva de la penya hacia las catas “puras” en las que la cena fuera una parte marginal de las reuniones, siguen habiendo importantes inercias que nos llevan a catas con cena. Esta cata fue de algún modo una vuelta a las “raíces” y para ello el organizador, Quique Lozano, eligió el Restaurante Yarza, en Russafa. 

La cata tuvo un claro perfil, mencias del Bierzo ensambladas con otras variedades y también recuperamos la tradicional adición de un vino infiltrado, en este caso un Burdeos de muy buen nivel que acabó ganando la cata.

Los vinos catados fueron por orden de clasificación:

  1. Le Carillon d’Angelus 2015 (83,50)
  2. Dominio de Anza Finca El Rapolao 2016 (83)
  3. Villa de Corullón 2015 (80,17)
  4. Rapolao la Vizcaina 2016 (75,67)

En los links de CellarTracker se puede encontrar mis notas de cata, por si fueran del interés de alguien, pero quiero permitirme comentar las carácterísticas básicas de cada uno de ellos. 

El Carillon d’Angelus es el segundo vino de Château Angélus, la prestigiosa bodega de Saint-Emilion. En este año se elaboró con un 50% de merlot, un 40% de cabernet franc y un 10% de cabernet sauvignon. Se crió en barricas francesas, la mitad nuevas y la mitad de segundo uso durant 14 meses. Un tinto aún joven pero muy prometedor con personalidad y buena definición y que catado a cigas destacó frente al resto de vinos catados.

Dominio de Anza Finca El Rapolao elaborado por Diego Magaña con uvas de la Finca El Rapolao, fruto del ensamblaje de un 90% de mencía y el resto Alicante-Bouschet y sousón. Fermentó en barrica y pasó 12 meses en brricas nuevas de roble francés. Un tino con magnífica presencia con un perfil más mediterráneo que atlántico.

Villa de Corullón es ya todo un clásico del Bbierzo, o al menos de la renovación de dicha zona de la mano de los descendientes de J. Palacios, es “vin de Village” y se elabora bajo la dirección de Titín Palacios. En este caso se trata del ensamblaje de un 89% de mencía, 9% de uvas blancas y un 2% de otras tintas. Se crió durante 13 meses en barrica. De nuevo un vino en el que pria más el caracter mediterráneo frente a otras elaboraciones de la bodega.

Finalmente catamos el Rapolao la Vizcaina 2016 que elabora Raúl Pérez también en la finca El Rapolao para el proyecto La Vizcaína de Vinos. Se elabora con un 90% de Mencía y el resto es Bastardo y Garnacha tintorera. La uva no se despalilla, macera durante 30 días y se cría durante 12 meses en barricas de roble frances. Para mí el vino más complicado, se mostró muy reducido, quizás necesitado de más botella, y no acabó de expresarse en plenitud, lo que se apreció en ls valoraciones de la mayoría de catadores. 

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La cena tuvo lugar en el restaurante Yarza, en la Calle Císcar, 47 de Valencia, cuyo lema “cuina del passat, menjar del futur” dice mucho de su filosofía. Una cocina con raíces al cargo del cocinero Manuel Yarza que me recordó al concepto tradicional y ya casi perdido de las casas de comidas con su justo punto de actualización. Tomanos una crema de calabaza muy rica, una ensaladilla rusa bien solventada, bravas -pues eso, bien hechas y sin toques exóticos-, unos resultones buñuelos de bacalao y de plato fuerte una merluza a la navarra, que estando buena fue el plato que menos me llamó la atención. Postres al centro para acabar. Todo esto lo regamos primero con un Ribeiro muy solvente, el Ramón do Casar 2018, luego con un Rioja con años, el Viña Real Reserva 1985 que aunque con sintomas de fátiga aguanto bien el tipo y se mostró muy fino y para cerrar la cena un seductor Lustau Vintage Sherry 2002, uno de esos vinos indefinibles con los que nos suelen regalar los sentidos los amigos de Lustao, un palomino “dulce” con una larga crianza oxidativa y estática que me resultó muy convicente.

Buena cata la que nos preparó Quique Lozano -de quien también procede la foto- e interesante descubrimiento este Yarza, que promete ofrecer unos más que interesantes menús al medio día, dado su natural tendencia hacia los guisos de cuchara.

 

 

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Aprendiendo sobre los vinos del Marco de Jerez

Aprendiendo sobre los vinos del Marco de Jerez

Cata de ASVASU del 26 de Junio de 2018

Cata de cierre del Curso

Llegaba el final del curso y la directiva pensó que debíamos volver a acercarnos a los magníficos vinos del marco, especialmente en este año con Vinoble, como recordatorio para todos los socios que no pudieron asistir a dicha feria de la enorme calidad y personalidad que atesoran dichos vinos.

Afortunadamente en la zona comienzan a salir ediciones de vino pensadas con carácter docente y es por ello que adquirimos la colección Zerej II en magnum para usarla de eje central de la cata así como un magnum de la manzanilla La Kika para tener un elemento de contraste.

Si Zerej I fue un “paseo por la crianza biológica” este Zerej II giraba sobre todo en torno a la crianza oxidativa. Cuatro son las botella que componen la colección, todas ellas provenientes de Bodegas Barbadillo, y comenzamos, como no podía ser de otro modo, con la botella nº 1, un blanco fermentado en bodega, obviamente palomino fino, con un grado alcohólico de 14,5º y que, aunque no lleve dicho nombre no es otro vino que el Mirabrás, un blanco procedente de la parcela Cerro de Leyes de la viña Santa Lucía. La uva se vendimió a mano y se asoleó para acabar fermentando en botas de manzanilla pasando por una estancia corta sobre lías y con una cortísima crianza bajo velo flor, sin encabezar. Acabado el vino se guardó en depósitos hasta el embotellado, ha tenido pues un sutil toque de velo pero también algo de oxidación. Es lo que los viejos del lugar llaman un “sobretablas” con la peculiaridad de su no encabezamiento. Estas fueron mis impresiones: https://goo.gl/Sg2Beq

20180626_201020EDT.jpgEl segundo de los vinos catados fue la Manzanilla La Kika, también de en magnum de Francisco Yuste, embotellada en rama y con 2 años de crianza estática y hasta 9 en criaderas, con una edad media de 11 años. Un magnífico vino que sirvió de contraste que con el precedente y con los posteriores dado que es un vino de crianza biológica. Mis impresiones: https://goo.gl/KbuCDJ

Tras ello volvimos a la colección Zerej, y nada más apropiado tras la Kika que el Zerej II 2, una manzanilla amontillada, con 19% vol. alc. nos encontramos con un vino de transición, ya que la manzanilla Solear Pasada en rama pasa a las colas del Amontillado Príncipe tras 9/10 años de crianza biológica y este vino muestra la transición entre la manzanilla pasada y el amontillado. Un vino que, en circunstancias normales, no se embotella. Estas son mis impresiones: https://goo.gl/KuMRKZ

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El Siguiente paso fue el Zerej II 3, en este caso un oloroso, con 18,5% de vol. alc. y que ya es un vino puramente de crianza oxidativa. Como comenta en la información de los vinos los olorosos “son vinos sufridos y sin embargo amables”, vinos que conjugan sedosidad, amabilidad e incluso dulzura. La referencia en Olorosos de Barbadillo es Cuco que se puede encontrar con vejez media certificada de 12 años o como VORS… este vino procede concretamente de su cuarta criadera. A continuación mis impresiones: https://goo.gl/d2iXAH

El final de la cata vino de la mano del Zerej II 4, y es un Palo Cortado, con 20% vol. alc. Su origen se encuentra en el Obispo Gascón y es un vino viejo, de crianza fundamentalmente oxidativa, con finura y elegancia que se certifica al menos de 3 modos diferentes, con 15 años, VORS y como reliquia (solo 40 botellas al año). Es el más viejo de la colección y está dotando de gran profundidad. Y como es habitual, cuando se degustan los palos cortados siempre sale a colación el tema de su “misterio”. Mis impresiones: https://goo.gl/Gwrjbj

No obstante me he permitido rebuscar en la hemeroteca y sacar a colación el artículo Palo cortado: la verdadera historia de Jesús Barquín https://goo.gl/LDaQcH para intentar -supongo que infructuosamente- profundizar en sus claves. De su artículo, pero también del análisis de la normativa del consejo regulador vemos que no hay una forma regulada de elaborar un palo cortado en el marco y que el Consejo Regulador sólo tiene una definición organoléptica: son vinos de gran complejidad que conjugan la delicadeza y finura aromática del amontillado y la redondez en boca del oloroso.

El procedimiento canónico, es el siguiente:
Se parte de botas de sobretablas (encabezadas a unos 15º alc.) que muestren la finura necesaria para destinarse a crianza biológica. Por diferentes motivos, “dependiendo de los casos y del momento histórico, puede deberse a la presencia dominante de ciertas variedades de uva poco comunes, a peculiaridades de la vasija o de la fermentación alcohólica que en ella se ha producido, a fluctuaciones en el velo de flor, al predominio de ciertas especies o cepas de levaduras en la flor, etc.-” ciertas botas muestran un carácter “diferencial” de modo que el inicial palo algo inclinado con el que se había marcado la bota al destinarse a crianza biológica es cruzado (cortado) por el capataz con un trazo horizontal que le dará nombre al vino. Entonces se encabeza a 17,5º (aproximadamente) y se destina a una escala de palos cortados. Si su evolución no es la esperada, se puede volver a rectificar (cortar) lo que da nombre a los vinos “dos cortados”, “tres cortados”, etc… Pero estos acontecimientos que llevaban a la aparición de “palos cortados” ha ido siendo cada vez más infrecuentes merced a los avances técnicos y la desaparición de la gran mayoría de las viejas castas.
Con ello Barquín llega a la conclusión que los palos cortados sólo sobrevivirán si se busca este producto en las bodegas y plantea incluso un esbozo sobre cómo debe ser dicha persecución: “utilizar vinos finos y ligeros de cuerpo para el proceso de crianza oxidativa que caracteriza los palos cortados. Lo ideal posiblemente sería seleccionar mostos de palomino fina de una particular delicadeza y afinarlos durante un tiempo pasándolos por la fase de sobretablas para, más adelante, reencabezar a los 17,5º/18º alc. y dar comienzo a la crianza oxidativa.” El artículo de Barquín entra en muchas más consideraciones y reflexiones que aquí no reproduzco pero recomiendo su lectura a aquellos intrigados por el mal llamado “misterio” del palo cortado.

El Ródano en blanco

EL RÓDANO EN BLANCO

Cata 279 de la Penya La Verema

Con el lema de “El Ródano en blanco” nuestro compañero de Peña Pepe García, fue el responsable de organizar la primera cata de la nueva etapa de la Penya La Verema. El sitio de la cata fue El Obrador (Carrer Sant Clement, 4 de Valencia) donde luego disfrutamos de una cena “ligera”.
Como bien comentaba Pepe en su presentación de la cata hay diferencias sustanciales entre el Ródano Norte y el Ródano Sur. A lo largo de los más de 200 km de longitud de este importante río vitivinícola pasamos desde el clima continental del Norte, más frío al carácter mediterráneo del Sur, con veranos cálidos e inviernos suaves. En variedades blancas en el Norte destaca la viognier, bien sola y o bien ensamblada junto a la marsanne y roussanne. Por su parte en el Sur es más frecuente encontrar variedades como la grénache blanc, clairette, la counoise y la bourboulenc.

 

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Los vinos catados tenían el aliciente de ser –con una excepción- vinos blancos en zonas donde suelen ser más conocidos y reconocidos los vinos tintos. Tres procedían de AOC del Ródano Norte y uno del Ródano Sur.

De Norte a Sur catamos:
Un Condrieu, zona donde se producen exclusivamente vinos blancos con la variedad Viognier. Concretamente catamos el Condrieu 2015 de E. Guigal, el primero de los vinos catados y el segundo clasificado por media acotada (81,75) con una mayor desviación estándar de 5,59. 13,5% de vol. alcohólico y procedente de viognier de 30 años de edad. Fermentó en barricas de roble francés nuevas (1/3 del vino) y en depósitos de Inox (los otros 2/3). Se crío durante 6 meses en barricas de roble nuevo. El carácter varietal era tan marcado que fue descubierto por 6 de los 9 catadores. De entre los catados este vino contaba con las valoraciones más altas por parte de la crítica profesional, con un 95 de Robert Parker, un 92 de Wine Spectator y un 16,5 de Jancis Robinson.

Un Saint-Joseph, zona de nuevo característica de tintos con syrah si bien está permitido –y era tradicional- añadir hasta un 10% de las blancas marsanne y roussanne. En este caso catamos el Domaine Romaneaux Saint Joseph 2014, con un 13,5% de vol. alcohólico y monovarietal de roussanne (de 30 años), lo que a su vez es poco frecuente en la zona donde normalmente los blancos son un ensamblaje de las 2 variedades características. Las uvas se cosechan a mano, se someten a una maceración larga a baja temperatura sin despalillar. Fermenta en tanques de madera y envejece con sus lías finas en barricas de roble de segundo año durante 8 meses. Fue el vino ganador de la cata con una media acotada de 84,71 y la menor desviación estándar de toda la cata. A mí también fue el vino que más me gustó, con diferencia. Con un precio de 41,70€ fue el vino más barato que catamos.
Un Hermitage blanco. Siendo Hermitage una zona conocida por los tintos elaborados con syrah no recuerdo haber catado demasiados blancos de esta región. Fue el tercer vino que catamos y el tercer clasificado por media acotada (81,43) con la mayor desviación estándar entre los vinos catados. Se trató de Le Chevalier de Stérimber Hermitage 2012 de Paul Jaboulet. Con un grado alcohólico de 13,5% y un ensamblaje de 70/ marsanne y 30% roussanme (de más de 60 años). Fermentado e hizo la maloláctica en barrica y se crío sobre sus lías con batonages periódicos durante 10/12 meses. Con casi 70€ de precio, este fue el vino más caro que catamos.
Finalmente llegó la hora del único Ródano del Sur, un Chateauneuf-du-Pape blanc. De enuvo es una zona donde dominan las variedades tintas, y concretamente la garnacha tinta es la variedad más plantada. En este caso el vino fue el Domaine de la Janasse 2015, con un grado alc. de 14% y un ensamblaje de 60% grénache blanc, 20% clairette y 20% de roussanne. El vino fermentó en INOX. La garnacha y la clairette se criaron sobre sus lías durante 7 meses en depósitos de INOX y la roussanne durante 7 meses en barricas de roble francés (8’% nuevas). Fue el último clasificado por media acotada (80,57) con la mayor desviación estándar de 4,7.
La diversidad de añadas y de ensamblajes pareció facilitar el número de aciertos en la cata, pero lo cierto es que ninguno de los 9 catadores tuvo un pleno y somos bastantes los que nos tuvimos que conformar con sólo 2 aciertos.

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Por lo demás felicitar a Pepe por la idea de la cata, la elección de la zona nos desconcertó a todos y las primeras disquisiciones antes de que comenzara a ofrecer algo de información resultaron muy desenfocadas. El perfil de los vinos, una vez conocidos era ciertamente mediterráneo y habían elementos comunes como el trabajo con la madera –con diferentes intensidades- y la cremosidad aportada por los battonages y el trabajo con las lías.

Diálogo dulce entre Alicante y Jérez

Diálogo dulce entre Alicante y Jerez.

De la mano de Pepe Ferrer y Eva Pizarro y en el marco de Gastrónoma se llevó a cabo una cata especial organizada por ASVASU.

La excusa era comparar vinos dulces del marco de Jerez con vinos dulces de Alicante, y aunque no exclusivamente, buena parte del hilo conductor de la comparación recayó en la variedad moscatel.

Comenzó el diálogo con la explicación sobre los que los los vinos de cabeceo (generosos de licor). Concretamente son “vinos obtenidos mediante la práctica tradicional de cabeceos o combinaciones, a partir de Vinos Generosos con Vinos Dulces Naturales o, en determinados casos, con mosto concentrado. Se trata de vinos con distintos grados de dulzor, pero siempre con un contenido en azúcares superior a 5 gramos por litro.”

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Dependiendo de los vinos generosos utilizados como base y de los niveles de dulzor finales del cabeceo, se distinguen PALE CREAM (pale dry), MEDIUM y CREAM.

Las uvas para los dulces se pasifican con esteras para “secar” la uva pero no en Chipiona, donde la Moscatel de Alejandría (Moscatel de Chipiona) plantada en pie franco sobre suelos de arena, al prácticamente no llover se puede secar sobre la arena. En sólo 15 días se pasifica, dándole la vuelta cada 2 días, con ello la pasificación aporta más calidad y los azúcares son “mejores”.

También la Pedro Ximenez (PX) participaba en alguno de los ensamblajes. Ésta proviene fundamentalmente de la zona de Montilla-Moriles y es que como comentó Pepe Ferrer la PX no se da bien cerca del mar, necesita “interior”.

El consejo regulador de la DO Jerez/Manzanilla de Sanlúcar  de Barrameda define los vinos de encabezado como el resultado de añadir a Finos, Manzanillas, Amontillados, Palos Cortados u Olorosos + MCR (Mosto concentrado rectificado) y, concretamente:

  • Pale Cream: generoso de licor elaborado a partir de un vino de crianza biológica -fino o manzanilla- al que se ha adicionado mosto concentrado rectificado al objeto de darle un toque de dulzor que mitigue la sensación secante original de estos vinos.
  • Medium: amontillados o bien vinos que, aunque hayan sido fundamentalmente envejecidos mediante crianza oxidativa, han tenido igualmente una cierta crianza biológica. Mezcla o “cabeceo” de un vino generoso con un vino dulce natural o bien con mosto concentrado rectificado.
  • Cream: vino generoso de licor elaborado mediante la mezcla o “cabeceo” de vinos generosos de crianza oxidativa (fundamentalmente olorosos) con un importante aporte de vino dulce natural o bien de mosto concentrado rectificado.

Los vinos catados abarcaron en el caso del marco de Jerez vinos más allá de los vinos de cabeceo. Concretamente se cataron:

Moscatel Dorado de César Florido. Moscatel de Chipiona (2)

Moscatel pasas de César Florido. Moscatel de Chipiona (4) Uvas pasificadas en arena.

Moscatel muy viejo Reserva de Familia de César Florido (5)

Harveys Bristol Cream (7)

Colosía Cream (8).

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Comenzaré con una breve descripción de los fondillones basada sobre todo en la información que incluye la web de la D.O. Alicante y las explicaciones presentadas por Eva Pizarro.  Es un vino que procede de la sobremaduración de la uva monastrell en la cepa algo que se puede hacer en Alicante en vendimias concretas merced a los largos veranos y a la poca humedad y limpieza del ambiente que puede hacer que el ciclo -ya de por sí tardío- de la monastrell alcance los meses octubre e incluso noviembre. Otra peculiaridad destacable es que el alcohol procede exclusivamente del azúcar de la uva, por lo que su fermentación es biológica: no recibe añadidos de ningún tipo, siendo el mínimo de alcohol permitido de 16º. El mínimo de crianza es de 10 años con diversidad de tipos de toneles y barricas utilizados. En muchos casos, en los viejos toneles alicantinos o monoveros, con volúmenes que abarcan hasta los 1.200 litro.

Pero sigamos con los vinos de la cata. La “armada” alicantina incluía diferentes moscateles pero también un fondillón. Específicamente:

Moscatel “pasas” 2010 de Pepe Mendoza (1)

Moscatel Gran Imperial  de Primitivo Quiles (3) No encabezado.

Pureza 2015 de Pepe Mendoza (6) vino brisat natural elaborado con moscatel.

Fondillón Brotons Gran Reserva 1964 (9).

Si alguien se pregunta por el ganador de la cata, no tengo ninguna duda. Ganó el público asistente, con una comparativa muy bien llevada por el tandem de presentadores y en la que pudimos aprender muchas cosas.

Nota: Mis comentarios de cata se pueden encontrar en CellarTracker.

Leyendo entre viñas: el terroir de l’Alt Empordà

Leyendo entre viñas: el terroir de l’Alt Empordà

En compañía de Bonfill Arché Pagés nos desplazamos hasta la viña La Cumella. Allí, a pie de viña, conocimos algo de la historia de la bodega Arché Pagès ubicada en el municipio de Capmany (Alt Empordà). Un proyecto que nace como culminación del trabajo y esfuerzos de 4 generaciones de la familia que han estado ligadas a la viña y al vino. Esa experiencia de vidas ligadas al terruño dio lugar, en 2004, al establecimiento de la bodega. Cuentan con unas 20 has repartidas en pequeñas parcelas en altitudes que oscilan desde los 100 hasta los 120 metros sobre el nivel del mar.

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Vinya La Cumella

Como en otros de los casos que conocimos durante nuestra visita no hay mucha viña vieja ya que se arrancó en un momento en el que “mecanizar” parecía ser la solución para la viña -no solo en la zona, en gran parte de España se sufrió también esta fiebre de industrialización de la viniviticultura- pero al menos con la reconversión se plantó algo de garnacha y cariñena. Con ello la mayoría de viñedo tiene una edad entre 20 y 25 años, abundando los suelos graníticos y arenosos con un tipo de arena compacta a la que allí denomina “sauló”. Es una zona de poca pluviometría y de nuevo con el gran condicionante de la Tramuntana que condiciona incluso la orientación de la viña, buscando que se facilite el tránsito del viento sin que dañe a la planta.
A pie de viña también, vimos las tradicionales paredes de “pedra seca” que son un elemento central de las viñas, piedras que en su mayoría son del granito conocido allí como “ull de serp” y que incluso da nombre a algún vino.

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Sauló (arena compacta)

Visitamos también una parcela recién plantada, pies americanos (140 Ruggieri), muchos de ellos todavía sin injertar, con el propósito de ser injertados de garnacha roja.
Muchos y muy interesantes temas surgieron durante nuestro paseo por las viñas como el impacto preocupante de la yesca o la presencia en las plantaciones tradicionales de uva “para comer” entre el viñedo, sobre todo de la llamada “cardinal, que acompañada en este uso “alimenticio” a la moscatel y a la picapoll, que se usaba fundamentalmente para pasificar.
En la bodega elaboran unas 70.000 botellas que se reparte, aproximadamente, 70% de tintos, 25% de blancos y 5% de rosados.

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Cata en Vinyes d’Olivardots

Tras la visita a Arché Pages nos dirigimos a Vinyes d’Olivardots. En este caso se trata de un proyecto de una familia que no venía del mundo del vino. Carme Casacuberta, licenciada en ciencias químicas y enóloga, y su esposo Antoni Pena, ingeniero industrial, veraneaban en Campmany y eran unos grandes aficionados al vino y comenzaron un proyecto hace apenas 10 años basado basado en unas 4 hectáreas de viña joven, plantada alrededor de la bodega junto a 5 has de viñas viejas. Carlota, la hija de los fundadores nos presentó la apuesta de la bodega que se centra en las variedades autóctonas y juegan con la baza de sus suelos de arena y granito y con las viejas cariñenas (hay incluso un viñedo de 1900) puesto que la recuperación de viñas viejas es cuestión esencial en su proyecto. Las viñas más viejas llegan a los 135 años, con plantaciones de garnacha (blanca y gris) y de cariñena blanca.
La conducción es muy particular, una lira apoyada en unos peculiares soportes de hierro diseñados para hacer frente a la tramontana.
Elaboran unas 35.000 botellas en ecológico (en proceso de certificación) y además de las variedades autóctonas también cuentan con syrah y cabernet.
Tras la visita tuvo lugar en la misma bodega una cata de 4 bodegas de la zona. La primera de las bodegas presente fue Vinyes dels Aspres, ubicada en Cantallops y por ello la más al norte de la comarca. Con suelos que van del granito a la pizarra. La base de sus vinos es la garnacha y algo de cariñena complementada con merlot, cabernet y syrah. También elaboran un dulce elaborado con garnacha gris, a partir de uvas sobremaduradas y envejecido en damajuanas de 20 l. Cuenta con una superficie total de 15 has que en breve ascenderán hasta 17 has.
El primero de los vinos catados fue el Ull de Serp Macabeu 2015, del Celler Arché Pagès, un concepto basado en monovarietales de fincas concretas, este procede de la Finca la Closa, una finca que además de la macabeo aquí incluida cuenta también con algo de cariñena. En un clima notablemente seco y cálido el granito aporta cierta frescura. El vino fermenta en barricas de 500 l y pasa 3/3 meses de crianza. Encontramos cremosidad, matices ahumados y toques especiados. También se trabajan las lías, que aportan sensaciones de azúcar quemado. Los 12 meses de reposo en bodega completan el proceso, con un vino que muestra matices cítricos y cierta mineralidad, junto a una bien definida cremosidad. Su PVP está entorno a los 18/20€.
Tras ello nos fue presentado el proyecto Terra Remota, que yo conocía ya de hacía tiempo, de mi etapa “veremera”. Un proyecto cuya primera vendimia es de 2006, una joven bodega diseñada para trabajar con gravedad, que cuenta con 23 has casi todas sobre suelos graníticos.
El siguiente vino catado fue el Dd’O 6.13. de 2013 de Vinyes d’Olivardots, una cariñena blanca elaborado en Inox y trabajando las lías. Un suelo aluvial formado por piedras de canto rodado y arena. que aporta cierta mineralidad. Con viñas de principios del siglo XX (casi 120 años) y que tiene un PVP aprox. de 15€. Con color casi dorado, y muy personal hay apenas 1000 botellas de este vino que muestra una atractiva fruta confitada, que crece tras dominar una ligera reducción inicial y que cuenta con una excelente boca, fluida, con materia, buenos amargos, cierta mineralidad y mucho carácter.
En tercer lugar degustamos el Blanc dels Aspres 2016, de Vinyes dels Aspres, un ensamblaje de 70% garnacha blanca y 30% garnacha roja y gris. Fermentado en barricas de roble francés de 225 l. y que pasa 5 meses sobre sus lías. Está recién embotellado. Un tinto joven en el que se nota el paso por madera. Nariz sobria pero expresiva y en boca con mucho carácter, paso cremoso, suave mineralidad, bien de acidez, bastante largo y bien perfilado. Sin duda algo de botella le vendrá bien.
Tras ello llegó la hora del primero rosado, el Caminito 2016 de Terra Remota, un monovarietal de garnacha tinta con una producción de apenas 3.500 botellas. Hacen vendimian manual –en cajas de 10 kg-, maceración pelicular, despalillan y se prensa a baja presión. Entre un 10% y un 20% del vino pasa a barricas de roble francés. Con ello consigue un vino de color salmón muy pálido, con una nariz de media intensidad pero muy perfumada, con delicados matices florales y alguna sensación especiada. En boca tiene buen ataque, con nervio, seductores matices de pimienta rosa en el retronasal y notable persistencia. Un vino con notable atractivo. Su PVP es aprox. de 15€.
Seguidamente catamos el primer tinto, el Camino 2014 de Terra Remota, un ensamblaje de garnacha, syrah y un 20% de cabernet sauvignon. Hacen entra 40 y 50.000 botellas de este vino (de una producción total que oscila entre 80 y 90.000 botellas. De nuevo con vendimia manual, doble selección, despalillado y con una maceración larga y con pigeages. El vino se elabora entre Inox y depósitos de madera de 50.000 l. para pasar 12 meses en barricas de roble francés y otros 12 en botella. Un vino de capa media/alta con una nariz muy bien perfilada, que incluye notas de azúcar quemado y delicados toques florales, con una fruta madura pero fresca. En boca el paso es fluido, con un tanino vivo pero bien integrado, buena estructura y bastante longitud. Su PVP es aprox. de 16/20€.
A continuación degustamos otro vino de la misma bodega, el Clos Adrien 2013. 90% syrah y 10% garnacha. Este pasa 24 meses en barrica (barricas de 500 l) y 12 meses en botella. Un tinto mineral, perfumado, con excelente presencia, ligeros tostados, algunas vainillas y una atractiva expresión frutal. En boca tiene buen ataque, cuerpo medio, largo y estructurado. Su PVP es aprox. de 45/50€.
Volvimos tras ello a los vinos de la Vinyes d’Olivardots, concretamente al Gresa 2009, un ensamblaje de Cariñena (40%), Garnacha (30%), Syrah (21%), Cabernet Sauvignon (9%) y que fue la primera marca que se elaboró en la bodega. Las uvas proceden de una viña cercana a la bodega. Se cría durante 18 meses en barricas de roble francés (nueva en un 20%) y entre sus objetivos está el trabajo del tanino que se busca que aparezca pulido y amable, lo que se facilita con los 6/7 años de crianza en botella. Es un b
Vino cubierto de color, maduro, con claro carácter mediterráneo, hay matices licorosos, ligeros tostados, notas especiadas. En boca es un vino largo, de tanino firme pero amable, fresco y estructurado.
Los siguientes vinos catados, y sin salir de Vinyes d’Olivardots, nos llevaron a aproximarnos a 2 cariñenas con caracteres diferenciados, la 2.11, procedente de cepas viejas de la Finca “Hort d’en Joan” plantada el año 1909 sobre un terroir de arena y situada en el término municipal de Capmany a unos 90 m de altitud y con orientación norte. Vino que muestra un perfil más elegante y la 1,10, procedente de la “Vinya de l’Avi” plantada el año 1946 y “El Roqué” plantada el año 1969, ambas sobre suelo pizarroso y situadas en los términos municipales de Vilamaniscle y Rabós de l’Empordà, a unos 200 m de altitud y con orientación sureste. Aquí es la mineralidad de la pizarra un elemento clave.
La primera muestra un paso fluido y un tanino más delicado frente a la segunda, aún más fluida, pero más mineral y con un tanino firme, con cierta textura.
Muy ilustrativa la comparación de ambas cariñenas.
El siguiente vino fue el Bonfill 2014 de Arché Pagès, un tinto fruto del ensamblaje de 60% garnacha y 40% cariñena, con una maceración de unos 25/30 días y una crianza de 13714 meses en barricas. Un vino que aún no está en el mercado y al que le falta asentarse en botella. En su perfil olfativo destaca la fruta negra madura, los toques especiados (tanto pimienta negras como especias “dulces”) los ahumados, los toques de azúcar quemado y alguna nota de monte bajo mediterráneo. En boca el ataque es bueno, el tanino firme, aún pro domar y algo secante, bien de acidez, con materia, largo y estructurado.
Tras lo cual catamos el Ull de Serp carinyena 2013, un vino que me enamoró, con mucho umami, notas de caldo de carnel atractiva mienralidad y una franca expresión de fruta negra. En boca presenta un tanino robusto pero bien engarzado, con frescura, largo, estructurado y muy bien definido.
El último de los tintos catados fue el S’Alou 2013 de Vinyes dels Aspres. Alou eran unos privilegios feudales referidos a viejos dominios libres de sujeción feudal. Este es un vino fruto del ensamblaje de garnacha, 25% syrah y 10% cabernet que pasa unos 14 meses en barricas de roble francés de 225 l y 2 años en botella. Un vino con cierta rusticidad, con un curiosos toque salino, que incluso recuerda a las anchoas en salazón, con un tanino ligeramente astringente, aún por pulir, casi licoroso pero no exento de frescor y de notable longitud.
El cierre de la cata vino de la mano de un dulce, el Bac de les Ginesteres, una garnatxa de Vinya dels Aspres que procede de garnachas grises pasificadas procedente de las vendimias 2005 y 2006. De color ámbar, con marcado carácter oxidativo y que se cría un mínimo de 5 años en damajuanas de 20 l. En botella de 50 cl y con un azúcar residual de 160 gr/l, resulta fresco, con notas de miel ligera, toques de frutos secos (avellanas) y algo de pasas sultanas. Con dulzor comedido, cierta tanicidad, sabor de pasas, largo u seductor y con notable acidez.
Tras la cata nos desplazamos hasta La Vinyeta, visita que será objeto de otra crónica.

Empordà, viña, vino y tradición.

Empordà, viña, vino y tradición.

En una reciente visita al Empordà he podido disfrutar, junto a un grupo de amigos que desde las redes sociales y los medios físicos promocionan la cultura del vino, del carácter único de estas tierras y de la generosidad de sus gentes. En esta primera crónica reflejos mis primeras impresiones dejando un análisis pormenorizados de las bodegas visitadas y los vinos catados para posteriores desarrollos.

La DOP Empordà

Pese a su reducida dimensión, las viñas bajo el paraguas de la D.O.P. Empordà presentan gran atractivo y notable potencial. Son muchos los factores que hay detrás del concepto Empordà, son vinos que podríamos tratar de comprender analizándolos bajo el tamiz de los cuatro elementos clásicos, la tierra, y más concretamente el carácter de sus suelos, el aire, con el delicado equilibrio entre la imponente Tramontana y la Marinada, el agua, elemento crucial en una zona de tan escasa pluviometría y que maximiza su importancia en los viñedos con proximidad al mar, y el fuego, ese sol del Mediterráneo que garantiza la madurez de las uvas.

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Desde tiempos remotos la vid ha formado parte del paisaje de estas tierras. En nuestra visita a la ciudad de Ampurias fundada por los griegos aproximadamente en el s. VI a.C., pudimos ver los vestigios de ese contacto ancestral con la viña y el vino. La influencia de Ampurias alcanzó un punto álgido durante la dominación romana para posteriormente declinar hasta el abandono de la ciudad.

También en la edad media fue una zona de producción de vinos, en este caso bajo la influencia –y el control- de los monjes, concretamente conocimos la gran influencia de los ubicados en el imponente monasterio de Sant Pere de Rodes, que también tuvimos oportunidad de visitar. Los pensamientos del padre Franciscano Francesc Eiximenis y sus explicaciones acompañaron parte de nuestra ilustrativa visita.

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Tampoco podemos olvidar que la vitivinicultura fue una actividad de gran relevancia en la comarca a lo largo de los siglos XVIII y XIX, condicionando el territorio y potenciando el carácter antrópico de muchos de los paisajes empordaneses. Uno de esos elementos son las llamadas paredes de “pedra seca”, muros que mantenían los bancales y dominaban las laderas de los viñedos y que pudimos encontrar en las diferentes visitas a bodegas que llevamos a cabo.

EL territorio y la actividad económica -como muchas otras zonas productivas- sufrió enormemente el impacto de la filoxera que se detectó en 1879 en una viña de Rabós d’Empordà, antes que en ninguna otra viña catalana, marcando un antes y un después en la economía del Empordà.

Si bien es cierto que hubo intentos de revitalizar la industria del vino en la zona, el actual modelo vitivinícola empurdanés nace hace unos 20 años y aunque los payeses conservaron viejas viñas -incluso centenarias- en diversos puntos de la comarca, tanto los proyectos vitivinícolas como buena parte de las viñas son jóvenes y por tanto aún en proceso de completar su definición.

En su búsqueda de una adecuada regulación de sus esfuerzos y resultados consiguieron a aprobación de la Denominación de Origen Empordà-Costa Brava en el año 1975, que en su versión actual se regula mediante la Orden ARP/63/2006, de 16 de febrero que aprobó la nueva reglamentación de la Denominación de Origen Empordà, adaptándose a la Ley de ordenación vitivinícola catalana.

A continuación presento algunos datos básicos esenciales para entender las características de la DOP Empordà.

Datos básicos

Bodegas elaboradoras inscritas 48 Total vino elaborado 2015 62.041 Hl
Bodegas embotelladoras inscritas 49 Venta botellas DOP 2015 5.602.727
Total de bodegas inscritas 52 mercado nacional 4.838.110
Viticultores inscritos 290 exportación 764.617
Superficie de viña inscrita 1.786 Ha Municipios en la DOP 55
Vino amparado vendimia 2015 57.941 Hl Pluviometría media anual 600 mm

La viñas de la DOP se reparten entre los 35 municipios del Alt Empordà y 20 municipios del Baix Empordà, delimitados en 2 zonas separadas geográficamente.

Alt Empordà

Ubicación: extremo nororiental de Cataluña (desde la ciudad de Figueres hacia el norte hasta la frontera con Francia) enmarcada por las faldas de las sierras de Rodes y de las Alberas, en un arco que va desde el cabo de Creus a la denominada Garrotxa d’Empordà (Albanyà). Limita, así, con los Pirineos al norte, el Mediterráneo al este y la llanura al sur.

Los municipios que de esta zona son: Agullana, Avinyonet de Puigventós, Biure, Boadella i les Escaules, Cabanes, Cadaqués, Cantallops, Capmany, Cistella, Colera, Darnius, Espolla, Figueres, Garriguella, La Jonquera, Llançà, Llers, Masarac, Mollet de Peralada, Palau-saverdera, Pau, Pedret i Marzà, Peralada, Pont de Molins, Portbou, Port de la Selva, Rabós, Roses, Sant Climent Sescebes, Selva de Mar, Terrades, Vilafant, Vilajuïga, Vilamaniscle y Vilanant.

Baix Empordà

Delimitada al norte por el macizo del Montgrí, al suroeste por el macizo de Les Gavarres, que forma una llanura costera con el macizo de Begur, y al este con el Mediterráneo.

Los municipios incluidos son: Begur, Bellcaire d’Empordà, Calonge, Castell-Platja d’Aro, Corçà, Cruïlles, Monells i Sant Sadurní de l’Heura, Forallac, La Bisbal d’Empordà, Mont-ras, Palafrugell, Palamós, Palau-sator, Pals, Regencós, Sant Feliu de Guíxols, Santa Cristina d’Aro, Torrent, Torroella de Montgrí, Ullà y Vall-llobrega.

La geología

Los suelos del Empordà son generalmente textura arenosa y pobres en materia orgánica, siendo el granito y la pizarra los elementos más característicos de las zonas de montaña y los suelos de origen aluvial los más frecuentes en los llanos. Comprobamos en nuestra visita como las mismas variedades se expresan de forma notablemente distinta cuando nos encontramos con suelos con marcado acento granítico frente a aquellos donde domina la pizarra.

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La viña

Por lo que hace referencia al patrimonio enológico destacaría el papel de la cariñena, que por temas burocráticos se suele denominar samsó, y que tanto tintas como blancas o rosadas (grises) expresan un carácter muy personal. De forma similar la garnacha es una variedad muy arraigada y que tanto en tinta, blanca como roja (gris o rosada) y en su vertiente “peluda”, de nuevo se expresan de forma muy atractiva.

Se encuentran también viñas de macabeo, moscatel de Alejandría y picapoll blanco, junto con malvasía, moscatel de grano menudo o xarel·lo, entre las blancas, variedades que coexisten con algunas extranjeras, como la sauvignon blanc, la chardonnay o la gewurztraminer. En el caso de las tintas junto algo de ull de llebre (tempranillo) y monastrell, es fácil encontrar variedades extranjeras como la cabernet (tanto sauvignon como franc), la merlot o la syrah. Estando muy bien adaptada la syrah, que muestra un atractivo carácter mediterráneo.

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Los vinos

De los vinos que ya conocía junto con la amplia representación de los que catamos durante nuestro viaje comentaré a vuelapluma algunas apreciaciones. En primer lugar que sin duda los vinos del Empordà tienen un marcado carácter mediterráneo, son vinos con cuerpo y materia pero en los que se trabajan bien las acideces. En el trabajo con las variedades autóctonas puede aparecer cierta rusticidad, mostrando un terruño con una personalidad propia.

Los tintos son mayoritarios, los blancos aún una minoría de nuevo expresan un carácter propio cuando se basan en las variedades autóctonas, en este caso el carácter mediterráneo, el aporte de mineralidad y la definición de los mismos, da lugar a vinos con peso en boca pero no exentos de frescura.

Los rosados, atractivos, muestran personalidades variopintas en función del ensamblaje varietal pero también del perfil de elaboración, con algunos de escaso color y mayor delicadeza y otros más extraídos y golosos.

También resultaron muy interesantes las llamadas “garnatxas de l’Emporda” que es como se conoce a los vinos rancios dulces de la zona y que son, concretamente “vinos dulces naturales”. Aquí se huele y se saborea la proximidad geográfica y cultural a la zona sur de Francia, compartiendo bastantes características con los vinos de Banyuls.

Por último, reflejar una asignatura pendiente de la DOP, incorporar los tradicionales rancios secos entre los vinos a los que dan cobertura. Elaboraciones tradicionales con tanta personalidad forman parte de su patrimonio enológico y por tanto deben protegerse y promocionarse.

Los vinos de Alsacia: una primera aproximación

La región vitícola de Alsacia se correspondía en nombre con una región administrativa de Francia situada al este del país, y fronteriza con Alemania y Suiza, su capital era Estrasburgo y agrupaba dos de los tres departamentos que constituyen la región cultural e histórica de Alsacia: el Bajo Rin y el Alto Rin.

Desde el 1 de enero de 2016 Alsacia se fusionó con las regiones de Lorena y de Champaña-Ardenas para formar la región administrativa llamada Gran Est (Gran Este).

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Fuente: https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=42925908

En este texto me referiré exclusivamente a la región vitícola que lleva en nombre de Alsacia, zona que se caracteriza por su ubicación al abrigo de las influencias oceánicas a causa del macizo de los Vosgos. Alsacia disfruta de una pluviometría moderada –para los parámetros franceses- de apenas 500-600 mm al año, siendo el clima semi-continental, soleado (1.800 h de sol al año en Colmar) y cálido en verano pero con inviernos fríos, y bastante seco.

El viñedo se extiende a lo largo de 120 km de largo, de norte a sur, oscilando la anchura de la región vitícola entre 2 y 15 kilómetros y su altitud está entre 170 y 550 metros sobre el nivel del mar. El viñedo se encuentra repartido entre los términos municipales de 119 municipios.

Su producción se sitúa alrededor de los 1,15 millones de hectolitros (lo que representa unas 150 millones de botellas) de los cuales el 90% son vinos blancos. El 70% de los vinos con denominación de Alsacia se corresponde a la AOC Alsacia, el 25% a la AOC Crémant d’Alsace y sólo un 4% a la AOC Alsace Gran Cru (que sólo cubre un 8% de la superficie total). En 2011, el reglamento de la AOC Alsacia se mejoró con dos niveles adicionales de carácter geográfico: el nivel “municipal” (Communal) y el de “parajes” (lieu-dits). De momento se recogen 13 denominaciones municipales: Bergheim, Rodern, Blienschwiller, Saint-Hippolyte, Côte de Rouffach Scherwiller, Côteaux du Haut-Koenigsbourg, Vallée Noble, Côtes de Barr, Val Saint-Grégoire, Klevener De Heiligenstein, Wolxheim y Ottrott, mientras que son aún más estrictos con la utilización de los “lieu-dit” en las etiquetas.

La AOC Alsacia se aprobó en 1962 mientras que la AOC Grand Cru se creó en 1975 y distingue 51 Grand Cru. Con la modificación de la normativa de 2011 cada uno de ellos es reconocido como AOC independiente. Los Grand Cru que se sitúan en el Departamento de Bajo Rin son (junto al nombre se incluye el municipio y la extensión del Grand Cru):

Altenberg de Bergbieten (Bergbieten, 29,06 ha)
Bruderthal (Molsheim, aprox. 18 ha)
Engelberg (Dahlenheim, aprox. 15 ha)
Frankstein (Dambach-la-Ville, aprox. 56 ha)
Kastelberg (Andlau, 5,82 ha)
Kirchberg de Barr (Barr, 40,63 ha)
Moenchberg (Andlau y Eichhoffen, 11,83 ha)
Muenchberg (Nothalten, 17,7 ha)
Praelatenberg (Orschwiller y Kintzheim, aprox. 19 ha)
Steinklotz (Marlenheim, 40,6 ha)
Wiebelsberg (Andlau, 12,52 ha)
Winzenberg (Blienschwiller, 19,2 ha)

Mientras que los Grand Cru en el departamento de Alto Rin son:
Altenberg de Bergheim (Bergheim, 35,06 ha)
Altenberg de Wolxheim (Wolxheim, aprox. 31 ha)
Brand (Turckheim, 57,95 ha)
Eichberg (Eguisheim, 57,62 ha).
Florimont (Ingersheim, aprox. 21 ha)
Froehn (Zellenberg, ca. 15 ha)
Furstentum (Kientzheim und Sigolsheim, 30,5 ha).
Geisberg (Ribeauvillé, 8,53 ha)
Gloeckelberg (Rodern y Saint-Hippolyte, 23,4 ha)
Goldert (Gueberschwihr, 45,35 ha)
Hatschbourg (Hattstatt y Voegtlinshoffen, 47,36 ha)
Hengst (Wintzenheim, 75,78 ha)
Kanzlerberg (Bergheim, 3,23 ha)
Kessler (Guebwiller, 28,53 ha)
Kirchberg de Ribeauvillé (Ribeauvillé, 11,4 ha)
Kitterlé (Guebwiller, 25,79 ha)
Mambourg (Sigolsheim, aprox. 62 ha)
Mandelberg (Mittelwihr, aprox. 22 ha)
Marckrain (Bennwihr und Sigolsheim, aprox. 59 ha)
Ollwiller (Wuenheim, 35,86 ha)
Osterberg (Ribeauvillé, aprox. 25 ha).
Pfersigberg (Eguisheim, aprox. 75 ha)
Pfingstberg (Orschwihr, aprox. 28 ha)
Rangen (Thann y Vieux Thann, 18,81 ha).
Rosacker (Hunawihr, 26,18 ha)
Saering (Guebwiller, 26,75 ha)
Schlossberg (Kaysersberg y Kientzheim, 80,28 ha).
Schoenenberg (Riquewihr, aprox. 53 ha).
Sommerberg (Niedermorschwihr y Katzenthal, 28,36 ha)
Sonnenglanz (Beblenheim, 32,8 ha)
Spiegel (Bergholtz y Guebwiller, 18,26 ha)
Sporen (Riquewihr, aprox. 24 ha)
Steinert (Pfaffenheim, 38,9 ha)
Steingrubler (Wettolsheim, 22,95 ha)
Vorbourg (Rouffach y Westhalten, 72,55 ha)
Wineck-Schlossberg (Katzenthal y Ammerschwihr, 27,4 ha)
Zinnkoepflé (Westhalten y Soultzmatt, 68,4 ha), también llamado Sonnenkoepflé, Riesling y Pinot gris.
Zotzenberg (Mittelbergheim, 36,45 ha)

En los Grand Cru, salvo excepciones, se autorizan sólo 4 variedades de la consideradas “nobles”: riesling, muscat, pinot gris y gewurztraminer si bien hay 3 excepciones. En Altenberg de Bergheim se permite: gewurztraminer, pinot gris, riesling o un ensamblaje con riesling (50 a 70%), pinot gris y gewurztraminer (10 a 25%), pinot blanc, pinot noir, alguno de los muscat y chardonnay (menos del 10%). En Zotzenberg (Mittelbergheim) se permite: riesling, gewurztraminer, pinot gris y sylvaner y en Kaefferkopf (Ammerschwihr): gewurztraminer, pinot gris, riesling o un ensamblaje con gewurztraminer (60 a 805), riesling (10 a 40%), pinot gris (menos del 30%) y muscat (menos del 10%).

Hay otras 2 menciones importantes y muy prestigiosas en referencia a los vinos alsacianos. Por un lado las Vendimias Tardías (Vendanges Tardives o VT) y por otro las Selecciones de Granos Nobles (Sélection de Grains Nobles o SGN).

Los VT se obtienen cosechando las uvas con cierta sobremaduración, generalmente semanas más tarde del inicio de las vendimias. Además, en los años en los que el final de la maduración de la uva se dan las adecuadas condiciones -con noches frescas y húmedas y días cálidos- como para permitir el desarrollo de la Botrytis Cinerea (podredumbre noble) ello añade todavía más complejidad a estos vinos que adquieren una especial “melosidad” y opulencia.

Los SGN se deben a una selección que se realiza mediante “pasadas” sucesivas por la viña en la que se eligen los granos afectados por podredumbre noble (Botrytis cinerea). Con ello la concentración del vino resultante es muy grande dando lugar a vinos con enorme personalidad y carácter tanto en nariz como en boca.

Algunos datos básicos

El 41% de los vinos de Alsacia los venden los productores négociants, el 40% cooperativas y el 20% restante, viticultores independientes. Hay en la región unos 4.200 viticultores de los cuales 1.790 disponen de más de 2 ha y trabajan el 91% de la superficie total del viñedo.
Existen en la zona 860 operadores que venden vino embotellado de los cuales unos 200 comercializan cerca del 89% del volumen.
Al año se comercializan unas 140 millones de botellas vinos de las diferentes denominaciones alsacianas, un 74% en Francia y un 26% se exporta. El 25% de lo vendido en Francia es venta directa, lo que hace de Alsacia el principal vendedor en venta directa de todo el país.
El 30% de los vinos blancos de AOC consumidos en Francia es alsaciano y el 30% de los espumosos con AOC vendidos (Champagne excluido) también son alsacianos. Además, Los vinos alsacianos blancos tranquilos son los más vendidos en Francia (en valor), por delante –respectivamente- de los del Loira y de los de Borgoña.
Son vinos consumidos en más de 130 países si bien el 75% se consume en la Unión Europea, un 6% en Canadá, otro 6% en los EE.UU, un 4% en los mercados asiáticos y el 9% que queda en el resto del mundo. Bélgica es su principal cliente (25% del consumo) seguido de Alemania y los Países Bajos.
La superficie vitícola de Alsacia es de 15.500 has que representan un 4,5% de la superficie agrícola total de la zona.

Características de los vinos alsacianos

flute-alsacienneLos vinos de la AOC Alsacia pueden ser de una sola variedad de uva y en este caso, el nombre de la variedad se puede indicar en la etiqueta (con la excepción de la auxerrois) y también pueden proceder de una mezcla de variedades que se suelen llamar “Edelzwicker”. «Zwicker » significa ensamblaje y se le ha añadido el prefijo Edel (noble) para reflejar la imprescindible presencia de variedades “nobles”.
El Klevener Heiligenstein, Alsacia o Klevener de Heiligenstein, es un vino blanco francés producido en los viñedos de Alsacia alrededor de Heiligenstein, a partir de la savagnin rosé. Dicho nombre no es solamente un nombre referidos a una variedad de la denominación sino también una denominación geográfica, la primera en la AOC Alsacia. Dicha variedad no se suele clasificar como una de las “cepas nobles” de Alsacia.
Los vinos de la AOC Alsacia se envasan en la botella llamada “flauta de Alsacia” (flute d’Alsace) y desde 1972, se embotellan necesariamente en la región de producción.
El Gentil era tradicionalmente resultado del ensamblaje de diferentes variedades provenientes de una misma parcela. Dichas variedades se vendimiaban y vinificaban de manera conjunta. Estos últimos años el Gentil se ha puesto nuevamente de moda y se entiende como tal a aquel vino elaborado bajo la AOC Alsacia cuyo ensamblaje tiene como mínimo un 50% de Riesling, Muscat, Pinot Gris y/o Gewurztraminer pudiendo ser el resto Sylvaner, Chasselas y/o Pinot Blanc. Antes de realizar el ensamblaje, cada variedad debe ser vinificada por separado. El Gentil debe mencionar la cosecha y no puede ser comercializado sin una cata previa en la que se apruebe su comercialización.
El Gentil se distingue del Edelzwicker, en que este último puede estar compuesto de todas las variedades blancas de Alsacia, sin indicación o limitaciones de proporción. Además las variedades pueden ser vinificadas juntas o separadas.

Sirva este primer texto como una primera aproximación a los vinos de la zona. En un texto posterior desarrollaré algo más la parte del terroir alsaciano y haré referencia a algunas de las bodegas más interesantes, incluyendo unas cuantas que visitamos en Enero de 2017.

Referencias: http://www1.vinsalsace.com/es/el-vinedo/algunas-cifras/produccion/volumen-de-produccion-por-cepa-art1645.html