Leyendo entre viñas: el terroir de l’Alt Empordà

Leyendo entre viñas: el terroir de l’Alt Empordà

En compañía de Bonfill Arché Pagés nos desplazamos hasta la viña La Cumella. Allí, a pie de viña, conocimos algo de la historia de la bodega Arché Pagès ubicada en el municipio de Capmany (Alt Empordà). Un proyecto que nace como culminación del trabajo y esfuerzos de 4 generaciones de la familia que han estado ligadas a la viña y al vino. Esa experiencia de vidas ligadas al terruño dio lugar, en 2004, al establecimiento de la bodega. Cuentan con unas 20 has repartidas en pequeñas parcelas en altitudes que oscilan desde los 100 hasta los 120 metros sobre el nivel del mar.

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Vinya La Cumella

Como en otros de los casos que conocimos durante nuestra visita no hay mucha viña vieja ya que se arrancó en un momento en el que “mecanizar” parecía ser la solución para la viña -no solo en la zona, en gran parte de España se sufrió también esta fiebre de industrialización de la viniviticultura- pero al menos con la reconversión se plantó algo de garnacha y cariñena. Con ello la mayoría de viñedo tiene una edad entre 20 y 25 años, abundando los suelos graníticos y arenosos con un tipo de arena compacta a la que allí denomina “sauló”. Es una zona de poca pluviometría y de nuevo con el gran condicionante de la Tramuntana que condiciona incluso la orientación de la viña, buscando que se facilite el tránsito del viento sin que dañe a la planta.
A pie de viña también, vimos las tradicionales paredes de “pedra seca” que son un elemento central de las viñas, piedras que en su mayoría son del granito conocido allí como “ull de serp” y que incluso da nombre a algún vino.

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Sauló (arena compacta)

Visitamos también una parcela recién plantada, pies americanos (140 Ruggieri), muchos de ellos todavía sin injertar, con el propósito de ser injertados de garnacha roja.
Muchos y muy interesantes temas surgieron durante nuestro paseo por las viñas como el impacto preocupante de la yesca o la presencia en las plantaciones tradicionales de uva “para comer” entre el viñedo, sobre todo de la llamada “cardinal, que acompañada en este uso “alimenticio” a la moscatel y a la picapoll, que se usaba fundamentalmente para pasificar.
En la bodega elaboran unas 70.000 botellas que se reparte, aproximadamente, 70% de tintos, 25% de blancos y 5% de rosados.

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Cata en Vinyes d’Olivardots

Tras la visita a Arché Pages nos dirigimos a Vinyes d’Olivardots. En este caso se trata de un proyecto de una familia que no venía del mundo del vino. Carme Casacuberta, licenciada en ciencias químicas y enóloga, y su esposo Antoni Pena, ingeniero industrial, veraneaban en Campmany y eran unos grandes aficionados al vino y comenzaron un proyecto hace apenas 10 años basado basado en unas 4 hectáreas de viña joven, plantada alrededor de la bodega junto a 5 has de viñas viejas. Carlota, la hija de los fundadores nos presentó la apuesta de la bodega que se centra en las variedades autóctonas y juegan con la baza de sus suelos de arena y granito y con las viejas cariñenas (hay incluso un viñedo de 1900) puesto que la recuperación de viñas viejas es cuestión esencial en su proyecto. Las viñas más viejas llegan a los 135 años, con plantaciones de garnacha (blanca y gris) y de cariñena blanca.
La conducción es muy particular, una lira apoyada en unos peculiares soportes de hierro diseñados para hacer frente a la tramontana.
Elaboran unas 35.000 botellas en ecológico (en proceso de certificación) y además de las variedades autóctonas también cuentan con syrah y cabernet.
Tras la visita tuvo lugar en la misma bodega una cata de 4 bodegas de la zona. La primera de las bodegas presente fue Vinyes dels Aspres, ubicada en Cantallops y por ello la más al norte de la comarca. Con suelos que van del granito a la pizarra. La base de sus vinos es la garnacha y algo de cariñena complementada con merlot, cabernet y syrah. También elaboran un dulce elaborado con garnacha gris, a partir de uvas sobremaduradas y envejecido en damajuanas de 20 l. Cuenta con una superficie total de 15 has que en breve ascenderán hasta 17 has.
El primero de los vinos catados fue el Ull de Serp Macabeu 2015, del Celler Arché Pagès, un concepto basado en monovarietales de fincas concretas, este procede de la Finca la Closa, una finca que además de la macabeo aquí incluida cuenta también con algo de cariñena. En un clima notablemente seco y cálido el granito aporta cierta frescura. El vino fermenta en barricas de 500 l y pasa 3/3 meses de crianza. Encontramos cremosidad, matices ahumados y toques especiados. También se trabajan las lías, que aportan sensaciones de azúcar quemado. Los 12 meses de reposo en bodega completan el proceso, con un vino que muestra matices cítricos y cierta mineralidad, junto a una bien definida cremosidad. Su PVP está entorno a los 18/20€.
Tras ello nos fue presentado el proyecto Terra Remota, que yo conocía ya de hacía tiempo, de mi etapa “veremera”. Un proyecto cuya primera vendimia es de 2006, una joven bodega diseñada para trabajar con gravedad, que cuenta con 23 has casi todas sobre suelos graníticos.
El siguiente vino catado fue el Dd’O 6.13. de 2013 de Vinyes d’Olivardots, una cariñena blanca elaborado en Inox y trabajando las lías. Un suelo aluvial formado por piedras de canto rodado y arena. que aporta cierta mineralidad. Con viñas de principios del siglo XX (casi 120 años) y que tiene un PVP aprox. de 15€. Con color casi dorado, y muy personal hay apenas 1000 botellas de este vino que muestra una atractiva fruta confitada, que crece tras dominar una ligera reducción inicial y que cuenta con una excelente boca, fluida, con materia, buenos amargos, cierta mineralidad y mucho carácter.
En tercer lugar degustamos el Blanc dels Aspres 2016, de Vinyes dels Aspres, un ensamblaje de 70% garnacha blanca y 30% garnacha roja y gris. Fermentado en barricas de roble francés de 225 l. y que pasa 5 meses sobre sus lías. Está recién embotellado. Un tinto joven en el que se nota el paso por madera. Nariz sobria pero expresiva y en boca con mucho carácter, paso cremoso, suave mineralidad, bien de acidez, bastante largo y bien perfilado. Sin duda algo de botella le vendrá bien.
Tras ello llegó la hora del primero rosado, el Caminito 2016 de Terra Remota, un monovarietal de garnacha tinta con una producción de apenas 3.500 botellas. Hacen vendimian manual –en cajas de 10 kg-, maceración pelicular, despalillan y se prensa a baja presión. Entre un 10% y un 20% del vino pasa a barricas de roble francés. Con ello consigue un vino de color salmón muy pálido, con una nariz de media intensidad pero muy perfumada, con delicados matices florales y alguna sensación especiada. En boca tiene buen ataque, con nervio, seductores matices de pimienta rosa en el retronasal y notable persistencia. Un vino con notable atractivo. Su PVP es aprox. de 15€.
Seguidamente catamos el primer tinto, el Camino 2014 de Terra Remota, un ensamblaje de garnacha, syrah y un 20% de cabernet sauvignon. Hacen entra 40 y 50.000 botellas de este vino (de una producción total que oscila entre 80 y 90.000 botellas. De nuevo con vendimia manual, doble selección, despalillado y con una maceración larga y con pigeages. El vino se elabora entre Inox y depósitos de madera de 50.000 l. para pasar 12 meses en barricas de roble francés y otros 12 en botella. Un vino de capa media/alta con una nariz muy bien perfilada, que incluye notas de azúcar quemado y delicados toques florales, con una fruta madura pero fresca. En boca el paso es fluido, con un tanino vivo pero bien integrado, buena estructura y bastante longitud. Su PVP es aprox. de 16/20€.
A continuación degustamos otro vino de la misma bodega, el Clos Adrien 2013. 90% syrah y 10% garnacha. Este pasa 24 meses en barrica (barricas de 500 l) y 12 meses en botella. Un tinto mineral, perfumado, con excelente presencia, ligeros tostados, algunas vainillas y una atractiva expresión frutal. En boca tiene buen ataque, cuerpo medio, largo y estructurado. Su PVP es aprox. de 45/50€.
Volvimos tras ello a los vinos de la Vinyes d’Olivardots, concretamente al Gresa 2009, un ensamblaje de Cariñena (40%), Garnacha (30%), Syrah (21%), Cabernet Sauvignon (9%) y que fue la primera marca que se elaboró en la bodega. Las uvas proceden de una viña cercana a la bodega. Se cría durante 18 meses en barricas de roble francés (nueva en un 20%) y entre sus objetivos está el trabajo del tanino que se busca que aparezca pulido y amable, lo que se facilita con los 6/7 años de crianza en botella. Es un b
Vino cubierto de color, maduro, con claro carácter mediterráneo, hay matices licorosos, ligeros tostados, notas especiadas. En boca es un vino largo, de tanino firme pero amable, fresco y estructurado.
Los siguientes vinos catados, y sin salir de Vinyes d’Olivardots, nos llevaron a aproximarnos a 2 cariñenas con caracteres diferenciados, la 2.11, procedente de cepas viejas de la Finca “Hort d’en Joan” plantada el año 1909 sobre un terroir de arena y situada en el término municipal de Capmany a unos 90 m de altitud y con orientación norte. Vino que muestra un perfil más elegante y la 1,10, procedente de la “Vinya de l’Avi” plantada el año 1946 y “El Roqué” plantada el año 1969, ambas sobre suelo pizarroso y situadas en los términos municipales de Vilamaniscle y Rabós de l’Empordà, a unos 200 m de altitud y con orientación sureste. Aquí es la mineralidad de la pizarra un elemento clave.
La primera muestra un paso fluido y un tanino más delicado frente a la segunda, aún más fluida, pero más mineral y con un tanino firme, con cierta textura.
Muy ilustrativa la comparación de ambas cariñenas.
El siguiente vino fue el Bonfill 2014 de Arché Pagès, un tinto fruto del ensamblaje de 60% garnacha y 40% cariñena, con una maceración de unos 25/30 días y una crianza de 13714 meses en barricas. Un vino que aún no está en el mercado y al que le falta asentarse en botella. En su perfil olfativo destaca la fruta negra madura, los toques especiados (tanto pimienta negras como especias “dulces”) los ahumados, los toques de azúcar quemado y alguna nota de monte bajo mediterráneo. En boca el ataque es bueno, el tanino firme, aún pro domar y algo secante, bien de acidez, con materia, largo y estructurado.
Tras lo cual catamos el Ull de Serp carinyena 2013, un vino que me enamoró, con mucho umami, notas de caldo de carnel atractiva mienralidad y una franca expresión de fruta negra. En boca presenta un tanino robusto pero bien engarzado, con frescura, largo, estructurado y muy bien definido.
El último de los tintos catados fue el S’Alou 2013 de Vinyes dels Aspres. Alou eran unos privilegios feudales referidos a viejos dominios libres de sujeción feudal. Este es un vino fruto del ensamblaje de garnacha, 25% syrah y 10% cabernet que pasa unos 14 meses en barricas de roble francés de 225 l y 2 años en botella. Un vino con cierta rusticidad, con un curiosos toque salino, que incluso recuerda a las anchoas en salazón, con un tanino ligeramente astringente, aún por pulir, casi licoroso pero no exento de frescor y de notable longitud.
El cierre de la cata vino de la mano de un dulce, el Bac de les Ginesteres, una garnatxa de Vinya dels Aspres que procede de garnachas grises pasificadas procedente de las vendimias 2005 y 2006. De color ámbar, con marcado carácter oxidativo y que se cría un mínimo de 5 años en damajuanas de 20 l. En botella de 50 cl y con un azúcar residual de 160 gr/l, resulta fresco, con notas de miel ligera, toques de frutos secos (avellanas) y algo de pasas sultanas. Con dulzor comedido, cierta tanicidad, sabor de pasas, largo u seductor y con notable acidez.
Tras la cata nos desplazamos hasta La Vinyeta, visita que será objeto de otra crónica.

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Empordà, viña, vino y tradición.

Empordà, viña, vino y tradición.

En una reciente visita al Empordà he podido disfrutar, junto a un grupo de amigos que desde las redes sociales y los medios físicos promocionan la cultura del vino, del carácter único de estas tierras y de la generosidad de sus gentes. En esta primera crónica reflejos mis primeras impresiones dejando un análisis pormenorizados de las bodegas visitadas y los vinos catados para posteriores desarrollos.

La DOP Empordà

Pese a su reducida dimensión, las viñas bajo el paraguas de la D.O.P. Empordà presentan gran atractivo y notable potencial. Son muchos los factores que hay detrás del concepto Empordà, son vinos que podríamos tratar de comprender analizándolos bajo el tamiz de los cuatro elementos clásicos, la tierra, y más concretamente el carácter de sus suelos, el aire, con el delicado equilibrio entre la imponente Tramontana y la Marinada, el agua, elemento crucial en una zona de tan escasa pluviometría y que maximiza su importancia en los viñedos con proximidad al mar, y el fuego, ese sol del Mediterráneo que garantiza la madurez de las uvas.

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Desde tiempos remotos la vid ha formado parte del paisaje de estas tierras. En nuestra visita a la ciudad de Ampurias fundada por los griegos aproximadamente en el s. VI a.C., pudimos ver los vestigios de ese contacto ancestral con la viña y el vino. La influencia de Ampurias alcanzó un punto álgido durante la dominación romana para posteriormente declinar hasta el abandono de la ciudad.

También en la edad media fue una zona de producción de vinos, en este caso bajo la influencia –y el control- de los monjes, concretamente conocimos la gran influencia de los ubicados en el imponente monasterio de Sant Pere de Rodes, que también tuvimos oportunidad de visitar. Los pensamientos del padre Franciscano Francesc Eiximenis y sus explicaciones acompañaron parte de nuestra ilustrativa visita.

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Tampoco podemos olvidar que la vitivinicultura fue una actividad de gran relevancia en la comarca a lo largo de los siglos XVIII y XIX, condicionando el territorio y potenciando el carácter antrópico de muchos de los paisajes empordaneses. Uno de esos elementos son las llamadas paredes de “pedra seca”, muros que mantenían los bancales y dominaban las laderas de los viñedos y que pudimos encontrar en las diferentes visitas a bodegas que llevamos a cabo.

EL territorio y la actividad económica -como muchas otras zonas productivas- sufrió enormemente el impacto de la filoxera que se detectó en 1879 en una viña de Rabós d’Empordà, antes que en ninguna otra viña catalana, marcando un antes y un después en la economía del Empordà.

Si bien es cierto que hubo intentos de revitalizar la industria del vino en la zona, el actual modelo vitivinícola empurdanés nace hace unos 20 años y aunque los payeses conservaron viejas viñas -incluso centenarias- en diversos puntos de la comarca, tanto los proyectos vitivinícolas como buena parte de las viñas son jóvenes y por tanto aún en proceso de completar su definición.

En su búsqueda de una adecuada regulación de sus esfuerzos y resultados consiguieron a aprobación de la Denominación de Origen Empordà-Costa Brava en el año 1975, que en su versión actual se regula mediante la Orden ARP/63/2006, de 16 de febrero que aprobó la nueva reglamentación de la Denominación de Origen Empordà, adaptándose a la Ley de ordenación vitivinícola catalana.

A continuación presento algunos datos básicos esenciales para entender las características de la DOP Empordà.

Datos básicos

Bodegas elaboradoras inscritas 48 Total vino elaborado 2015 62.041 Hl
Bodegas embotelladoras inscritas 49 Venta botellas DOP 2015 5.602.727
Total de bodegas inscritas 52 mercado nacional 4.838.110
Viticultores inscritos 290 exportación 764.617
Superficie de viña inscrita 1.786 Ha Municipios en la DOP 55
Vino amparado vendimia 2015 57.941 Hl Pluviometría media anual 600 mm

La viñas de la DOP se reparten entre los 35 municipios del Alt Empordà y 20 municipios del Baix Empordà, delimitados en 2 zonas separadas geográficamente.

Alt Empordà

Ubicación: extremo nororiental de Cataluña (desde la ciudad de Figueres hacia el norte hasta la frontera con Francia) enmarcada por las faldas de las sierras de Rodes y de las Alberas, en un arco que va desde el cabo de Creus a la denominada Garrotxa d’Empordà (Albanyà). Limita, así, con los Pirineos al norte, el Mediterráneo al este y la llanura al sur.

Los municipios que de esta zona son: Agullana, Avinyonet de Puigventós, Biure, Boadella i les Escaules, Cabanes, Cadaqués, Cantallops, Capmany, Cistella, Colera, Darnius, Espolla, Figueres, Garriguella, La Jonquera, Llançà, Llers, Masarac, Mollet de Peralada, Palau-saverdera, Pau, Pedret i Marzà, Peralada, Pont de Molins, Portbou, Port de la Selva, Rabós, Roses, Sant Climent Sescebes, Selva de Mar, Terrades, Vilafant, Vilajuïga, Vilamaniscle y Vilanant.

Baix Empordà

Delimitada al norte por el macizo del Montgrí, al suroeste por el macizo de Les Gavarres, que forma una llanura costera con el macizo de Begur, y al este con el Mediterráneo.

Los municipios incluidos son: Begur, Bellcaire d’Empordà, Calonge, Castell-Platja d’Aro, Corçà, Cruïlles, Monells i Sant Sadurní de l’Heura, Forallac, La Bisbal d’Empordà, Mont-ras, Palafrugell, Palamós, Palau-sator, Pals, Regencós, Sant Feliu de Guíxols, Santa Cristina d’Aro, Torrent, Torroella de Montgrí, Ullà y Vall-llobrega.

La geología

Los suelos del Empordà son generalmente textura arenosa y pobres en materia orgánica, siendo el granito y la pizarra los elementos más característicos de las zonas de montaña y los suelos de origen aluvial los más frecuentes en los llanos. Comprobamos en nuestra visita como las mismas variedades se expresan de forma notablemente distinta cuando nos encontramos con suelos con marcado acento granítico frente a aquellos donde domina la pizarra.

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La viña

Por lo que hace referencia al patrimonio enológico destacaría el papel de la cariñena, que por temas burocráticos se suele denominar samsó, y que tanto tintas como blancas o rosadas (grises) expresan un carácter muy personal. De forma similar la garnacha es una variedad muy arraigada y que tanto en tinta, blanca como roja (gris o rosada) y en su vertiente “peluda”, de nuevo se expresan de forma muy atractiva.

Se encuentran también viñas de macabeo, moscatel de Alejandría y picapoll blanco, junto con malvasía, moscatel de grano menudo o xarel·lo, entre las blancas, variedades que coexisten con algunas extranjeras, como la sauvignon blanc, la chardonnay o la gewurztraminer. En el caso de las tintas junto algo de ull de llebre (tempranillo) y monastrell, es fácil encontrar variedades extranjeras como la cabernet (tanto sauvignon como franc), la merlot o la syrah. Estando muy bien adaptada la syrah, que muestra un atractivo carácter mediterráneo.

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Los vinos

De los vinos que ya conocía junto con la amplia representación de los que catamos durante nuestro viaje comentaré a vuelapluma algunas apreciaciones. En primer lugar que sin duda los vinos del Empordà tienen un marcado carácter mediterráneo, son vinos con cuerpo y materia pero en los que se trabajan bien las acideces. En el trabajo con las variedades autóctonas puede aparecer cierta rusticidad, mostrando un terruño con una personalidad propia.

Los tintos son mayoritarios, los blancos aún una minoría de nuevo expresan un carácter propio cuando se basan en las variedades autóctonas, en este caso el carácter mediterráneo, el aporte de mineralidad y la definición de los mismos, da lugar a vinos con peso en boca pero no exentos de frescura.

Los rosados, atractivos, muestran personalidades variopintas en función del ensamblaje varietal pero también del perfil de elaboración, con algunos de escaso color y mayor delicadeza y otros más extraídos y golosos.

También resultaron muy interesantes las llamadas “garnatxas de l’Emporda” que es como se conoce a los vinos rancios dulces de la zona y que son, concretamente “vinos dulces naturales”. Aquí se huele y se saborea la proximidad geográfica y cultural a la zona sur de Francia, compartiendo bastantes características con los vinos de Banyuls.

Por último, reflejar una asignatura pendiente de la DOP, incorporar los tradicionales rancios secos entre los vinos a los que dan cobertura. Elaboraciones tradicionales con tanta personalidad forman parte de su patrimonio enológico y por tanto deben protegerse y promocionarse.